Bípedas Implumes

by Elisa Zuñiga "Tuve la oportunidad de entrar en la oscuridad del bosque y capturar una que otra [fotografía]"

Fiera hambrienta de aire, me adentro al crepúsculo del bosque y de súbitos colores que se diluyen con las horas del tiempo, los tonos se anuncian y las sombras muestran su timidez.

He encontrado huellas de añejos caminantes, de seres primitivos que han rezado con los cedros del lugar. Mi cráneo sufre el indómito golpe de un ave, una diamante de los prados, su sangre se diluye en el hemisferio izquierdo de mi rostro, arde, quema, mi cara se paraliza. Sus alas rotas por los sacerdotes de fuego lloran sin libertad en mis manos, su esqueleto está pavoroso, sigue húmedo y sin carne que lo cubra, sin órganos.

Las antorchas de caminantes alumbran el polvo caoba, embalo a la criatura en mi pecho y echo a andar mis extremidades, mi base. Los antropófagos escoltan la senda que hemos marcado, famélicos de masa. Mi poderío juzga a las fuerzas que conducen pies pesados.

Túneles de conexión que esconden los cimientos de aquel volátil ente y mi cuerpo en expansión y ligereza. De nigrománticas ascienden las danzas con latidos feroces, con juicio, con ego, con inercia. El lugar aspira crearme fósil, los sedimentos afanan absorberme.

 ¡Agüita sagrada! Se asoman los fluidos de las ninfas, mi lengua marchitándose, me jala al manantial. Tendí las partes del diminuto individuo, y mi piel se hundió después, en el vientre de la fuente, en tragedia.