Conversatorio Informal Fol. 0002: “La representación del mal en Occidente”, con Fernanda Miranda

Fotos: Alejandro Soto.

Relatoría: Irving Jesús Hernández Carbajal.


El 03 de agosto decidimos tener un viernes diferente, un día lleno de reflexión en torno a uno de los problemas más viejos (y sin embargo abiertos) de la humanidad: el mal.

Fue así que a las 19:00 hrs. dimos por iniciado el “Segundo Conversatorio Informal sobre el arte y la filosofía de nuestra generación”, evento organizado por el Colectivo Dubius en colaboración con Orient Express Café, semillero en Pachuca de una importante producción intelectual.

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La invitada para dar cauce a esta cita fue Fernanda Miranda, licenciada en Filosofía por la UNAM y maestrante del Posgrado en Filosofía también en la Máxima Casa de Estudios de México; co-editora en la Revista Vitam de la Universidad Salesiana y colaboradora de las revistas Reflexiones Marginales y Metapolítica. Además, docente auxiliar en materias de la licenciatura en Filosofía (UNAM), que abarcan los periodos históricos de la Edad Media y el Renacimiento.

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Para incentivar la participación y crítica nos presentó una ponencia titulada “La representación del mal en Occidente” y el inicio de un proyecto fotográfico, de su autoría, sobre los pecados capitales y los demonios con los que se asocian.

Con una precisión clarificadora, Fernanda nos platicó cómo es que se ha ido representado al mal en nuestra tradición cultural, haciendo una revisión importante de ciertas obras de arte (en forma de pintura y cine), siempre con especial atención a la noción del mal filtrada por el cristianismo: el diablo, los demonios, las brujas y el infierno.

La filósofa de la FFyL parte de la idea básica de una dicotomía que ha configurado al mundo y la concepción que tenemos sobre él, compuesta simbólicamente con base a contrarios: el bien por un lado y el mal como su antagonista.

Así, históricamente, conceptos como: luz, día, orden, alma, lo solar, etc. encuentran su acomodo en la categoría del bien. En oposición: la noche, el peligro, oscuridad, caos, sin forma, lo desbordado, el cuerpo y placer se configuran desde el mal.

Atendiendo al dilema de Epicuro, nos preguntamos: ¿cómo es posible el mal? Cuando, en teoría, todo es obra de un dios omnipotente y bueno. Fue así que se apuntaló la noción del libre albedrío y también sus consecuencias: la necesidad política de un gobierno para los hombres, donde se les pueda encaminar y persuadir a elegir por sí mismos el lado correcto, el del bien.

Manteniendo siempre el rigor filosófico, Fernanda nos llevó a un recorrido primero bíblico: revisando la historia de los demonios como ángeles caídos, comandados por el lucero de la mañana, Lucifer, hasta su transformación en Satanás, entendido en su etimología hebrea ya como el adversario, el enemigo de Dios.

Del lado histórico se analizó cómo con el triunfo del cristianismo muchas prácticas fueron tachadas de paganas e impías, cultos como los dionisíacos, órficos, aquellos dedicados al dios Pan (de donde se recupera la figura del macho cabrío) o las tradiciones rurales y de los desiertos.

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Todos estos sucesos, apropiaciones y transformaciones hasta llegar a las famosas cacerías de brujas, personajes controversiales que oscilan siempre entre el mito de sus poderes y prácticas, el profundo y arraigado desprecio de lo femenino y la curiosidad por los nuevos saberes, en este caso aquellos denominados como ocultos o prohibidos, pues desde esta óptica inquisidora: los milagros son de Dios y la magia es de otra naturaleza.

Las reflexiones y preguntas del público navegaron principalmente en ver cómo en el cristianismo la figura del diablo no responde plenamente a un antagonismo dualista, todo lo contrario: parece que sigue subordinado a la voluntad y designios de Dios, encontrando un acomodo y función en su jurisprudencia; se aprecia bien en la historia de Job, donde el demonio sirve de ejecutor de castigos y tentaciones para probar la verdadera fe de un hombre, pero actuando siempre con la licencia divina.

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Finalmente surgió una inquietud al notar que el conocimiento de alguna manera está vinculado con la noción del mal, pues en la narración bíblica de la corrupción de Adán y Eva, ellos comen del árbol del conocimiento desobedeciendo a Dios y sienten inmediatamente vergüenza al notar sus cuerpos desnudos, situación que los lleva al destierro del Edén.

Así el conocimiento, en este caso moral, es un camino doloroso que nos lleva por aporías irresolubles, espinosos dilemas y generalmente a un transitar en soledad, es la idea de la conciencia como una herida que sangra, pero que en el conversatorio pudimos atender y mitigar con café y el entusiasmo de otros aspirantes a la sabiduría, atrincherados en un aquelarre de ideas, pues para la reflexión no hay días de asueto.