Crónica: Colección de poesía GALAXIAS, en Pachuca

El sábado pasado México esperaba con ansias el ocaso de un periodo simbólico de violencia, terror y amoralidad que lo acoso varios sexenios. Al mismo tiempo, en una de las plazas mayores de Pachuca de Soto, la “Juárez”, se encendía muy irónicamente el árbol que conmemora la navidad, patrocinada por el gobierno del Estado de Hidalgo.

La gente se desbordaba por las calles aledañas al centro de la ciudad. Se escuchaba pasos y chicharacheo por la calle de Allende, en lugar del silencio y el motor de las combis que la transitan el resto del año. El Parque Hidalgo, que es como la alameda del pueblo, repleta de familias, puestos de elote, esquites, tamales y sonidero.

En medio de tanta bruma y gentío, ahí estaba aquel polígono de locales y espacios dedicados a las artes, a la poesía, la filosofía: Distrito Cultural.

En una de las intersecciones, sobre Belisario Domínguez, se encuentra Radio Express de Jardín Colón, el tercero de los cafés que ha gestionado Rodolfo Weber.

Allí, en su sala de presentaciones, que también es una de las librearías más bellas de la ciudad por su cuidado y selección, ese mismo día primero de diciembre, a las 7 PM, a través de Colectivo DUBIUS, Editorial Elementum y el Ojo Ediciones, tuvimos el privilegio de escuchar la presentación de una importante colección de poesía llamada GALAXIAS, dirigida por el Fondo Editorial de Morelos (2018). Una colección realizada como un esfuerzo por concretar un ímpetu generacional de poetas morelenses extraordinarios.

 

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En gran medida, el valor de esta colección estriba en la comunión de grandes escritores, de diversas edades y etapas en su trayectoria. Es una antología muy precisa del alto talento que existe allá en las tierras del acorazado.

Tres de ellos nos visitaron, Tania Langarica (Cuernavaca 1993), Andrés Herrera (Cuernavaca, 1990) –acompañado de su novia, la pintora Syeni Martínez– y un viejo conocido, Jerónimo Emiliano (Cuernavaca, 1991).

Juntos ofrecieron una exposición del proceso y la historia de GALAXIAS, además de la lectura de sus trabajos, más algunos comentarios en torno a estructura y perspectiva estética.

 

Una muestra literaria heterogénea, estilos distintos pero cada uno sobradamente sostenido.

Tres extraordinarias personas, que además han conseguido vincular la poesía morelense con Hidalgo, con los “pachuquenses”, a través del intercambio de proyectos, plataformas y apreciaciones estéticas.

En verdad, es sorprendente ver cómo seguimos coincidiendo en todo el país en movimientos y grupos tan semejantes. Ante una circunstancia tan apremiantemente común dentro de las letras y la filosofía, este tipo de ocasiones son un verdadero regalo de la poesía.

Nota: Pueden conseguir plaquettes en la librería de Radio Express (Jardín Colón) y en Elementario (Ed. Elementum)

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Ex cursus

Recordábamos también, ya en sobremesa –de a cerveza y mezcal– los días de la universidad, cuando fiesteábamos en la sub-urbe del D.F. y coincidíamos, a veces sin darnos cuenta, a quienes habrían de contra-usurpar las zonas del pensamiento y la expresión, y que ahora comenzamos a hermanarnos verdaderamente. Hablamos de los hijos de los hijos, las nietas, las sobrinas nietas de los pasados escritores, de las eminencias y quienes no tanto, de los grandes viajeros de la calle y la palabra, a los que seguirán, los que no tienen nada que ver con el árbol genealógico, pero ahí andan y lo hacen asombrosamente, en fin, todxs, confluyendo una vez más.

Recordamos, naturalmente, la vida y obra de nuestros amigos desaparecidos. La valentía y el sublime asombro al encontrarnos con el trabajo de Esteban Tapia –aquí, allá, en todas partes– nuestros antiguos sueños y vanidades.

Cedimos varias veces a la noche. Hablamos de proyectos que vendrán a futuro para Pachus y Cuerna, lo que hemos conseguido hasta ahora desde la autogestión, la resistencia del escritor esperanzado, el no tener tiempo ni para ser adicto, mudanzas y experimentos.

Unimos fuerzas para hacer una noche inolvidable, recitamos poesía en los arcos de la Juárez cuando ya no había nadie en la calle. Los puestos cerrados, sólo la basurilla que dejan las multitudes a su paso. El arbolito apagado.

Amanecimos con la cuarta transformación y lo primero que hicimos fue buscar barbacoa. Un café, un cigarro. Risas que no podían parar y el deseo de poder mandar todo a volar y hacer de eso un para siempre.

 

YAAAAAAU!